La maravillosa experiencia de ser casa de acogida: Jazz

22/11/2014

Jazz llegó a nuestra casa el 7 de marzo de 2014. Lo cierto es que nuestra casa es habitual en lo que se refiere a las acogidas, de hecho Jazz llegó justo un día después de que se marchara Manuela, una maravillosa galga que encontramos perdida y desorientada en la nochevieja y que fue a vivir su segunda oportunidad a Holanda donde ahora es muy, muy feliz.

No podría decir que he perdido la cuenta de los animales que han tenido estancia temporal en nuestra casa, porque eso es imposible. Cada uno de ellos ha dejado en nosotros un imborrable recuerdo, una huella indeleble. Pero sí os puedo decir que han sido muchos.

Jazz es un bóxer con unos siete años que fue abandonado en la perrera, y la verdad, aquel que me conoce sabe mi absolutamente justificada predilección por esta raza a pesar de que, soy una defensora a ultranza del perro mestizo. Así que como en ese momento no teníamos hueco para traerlo, decidimos apadrinarlo (otra opción importantísima para aquellos que quieren ayudar y no pueden acoger o adoptar).

Collage de fotos de Jazz, un boxer

Por aquel entonces Jazz era el número 74 de la perrera y estaba muy triste y deprimido. Por muchos esfuerzos que los voluntarios de la Asociación hacían, él se había dejado morir. Había adelgazado en extremo y su vida corría serio peligro. Como sus madrinas que éramos le pusimos nombre, hicimos un donativo para sus primeras necesidades y ayudando con la difusión de su caso, encontramos a una persona que estaba interesada en su adopción. Pero Jazz no era un perro con suerte. Al realizarle las analíticas dio positivo en filariosis y leishmaniosis. Por ello, su potencial adoptante se echó atrás y Jazz perdió sus pocas posibilidades de sobrevivir, ya que en la perrera es prácticamente imposible que los animales reciban el tratamiento que, para controlar estas dos terribles enfermedades o para cualquier otra, necesitan.

Así que no había nada que pensar, en cuanto hubo un hueco allá que fuimos a buscarlo. Vino todo el camino a casa apoyado en mi pecho y dándome lametazos, yo creo que ya adivinaba que salía definitivamente del infierno de la perrera.

No ha sido fácil la recuperación de Jazz, para qué nos vamos a engañar, en un principio tenía que reponer peso y ponerse fuerte. Después comenzar un tratamiento contra la filaria que es muy largo y duro. Además la filaria le ha provocado unas lesiones en su corazón, que aunque están muy controladas (está hecho un auténtico toro) hay que vigilar y necesita medicación de por vida.

Podéis estar pensando y preguntándoos que qué puede mover a alguien a acoger un perro abandonado y, como en este caso enfermo, en su casa. Pues la verdad es que hay muchas, muchísimas razones y si conocierais a Jazz o a cualquier perro acogido lo entenderíais.

Jazz es un ahora un perro muy feliz, totalmente integrado en nuestras vidas, nos quiere y agradece a cada momento las atenciones que con él tenemos (es un besucón de cuidado). Es muy reconfortante ver el antes y el después, cuesta trabajo creer que se trate del mismo perro. Si no hubiera venido a casa probablemente ya no estaría vivo, ha tenido su oportunidad, la que merece todo el mundo y él lo sabe. Si encontramos para él una familia que sea capaz de darle lo que se merece, partirá. Si no es así…aquí tendrá siempre su hueco.

Ser casa de acogida es una maravillosa experiencia que recomiendo a todo aquel que le gusten los animales y puedan dedicar tiempo (tampoco hace falta demasiado) a recuperar y dar oportunidad a los que por abandono, maltrato o enfermedad, a los cachorros y a los viejitos… a los recién intervenidos quirúrgicamente, a todo aquel que lo necesite, y a brindar una valiosa ayuda que es, en muchos casos, lo que separa la vida de la muerte. Es, a mi modo de ver, una completa expresión de amor.

Nota: Jazz falleció el 16 de diciembre de 2017, casi cuatro años después de llegar a nuestras vidas. Se fue rodeado de su familia y habiendo tenido por fin una vida muy feliz. Lo echamos muchísimo de menos, nos acordamos de él a diario, pero nos queda la gran satisfacción de haberle brindado la vida que se merecía. Siempre te querremos pequeño.
R. Morillo